Sin duda la Cocina Marroquí es una de las más sanas en el mundo, mezcla de cocina mediterranea, bereber, árabe y andaluza.
Los ingredientes más usados son frutas y verduras mediterraneas junto a alimentos tropicales. Las carnes que se usan son la ternera, el pollo o el cordero y por supuesto, es variada en pescados.

También es rica en especias como el comino, la canela, gengibre, pimentón, ajo, anís, cayena, pimienta y es típico en sus platos la mezcla de más de 20 especias en su ras el hanout. Las hierbas más utilizadas son la menta, la hierbabuena, el oregano y el laurel.

Nuestro viaje.
A modo de introducción rápida, diré que viajé con una antigua compañera de piso y que nuestro itinerario fué Marrakech, Casablanca, Rabat, vuelta a Marrakech y un viaje organizado al «desierto para turistas». Nada fuera de lo normal.
Nuestra primera parada pues, fue Marrackech, de la cual creo que podemos decir que es la ciudad más turística de Marruecos.
Desde que salimos del areopuerto el impacto cultural fue muy fuerte, impresionados con todo lo que ocurría a nuestro alrededor. El caos en el tráfico, en los ríos de gente que abarrotaban las calles y finalmente en Yamma el Fna, la plaza más famosa de Marruecos la cual sale en todos las fotos de los paquetes turísticos.
Olvídate de Google Maps si tu hostel está en la Medina. Si no fuera porque hay chavales que te guían por una propina, es muy muy difícil encontrarlos, y aún así, nuestro improvisado guía se perdió dos veces.

Primera cena en Jamma el Fna.
Después de un largo viaje con escala y nuestro estresante tour por la Medina nos fuimos en busca de una cerveza fría. ¿Que la cerveza no es sana? Créeme, en ese momento no había bebida más sana en el mundo. En Marrakech tu puedes tomar cerveza sin problemas en la mayoría de los restaurantes de las zonas turísticas.
Nuestra primera opción fue Le Marrakchi, un coqueto restaurante en la esquina entre la gran plaza y Rue Des Banques donde pudimos pedir una San Miguel que vino acompañada de una ensalada de aceitunas y patatas con especias.

El restaurante era un poco caro por lo que decidimos buscar otro sitio para cenar y lo encontramos cerca, en un pequeño y colorido bar llamado La Cantine des Gazelles.
El menú no es muy caro y el camarero era bastante simpático y hablaba Español, Francés, Inglés y Árabe, como muchos marroquíes. Ya quisiéramos los españoles.
Esa noche disfrutamos de una cena sana con un guiso de verduras con garbanzos, para un día largo, fue una buena opción.

Segundo día, Casablanca.
Por la mañana nos fuimos a Casablanca en tren. Sobre el viaje, decir que en los trenes de Marruecos tienes la opción de viajar en segunda o en primera clase. En segunda clase, el vagón es bastante caluroso ya que no tiene aire acondicionado y cada uno se sienta donde puede, el pasillo se llena rápidamente por lo que te puede tocar viajar 5 horas de pie.
Seguramente tu tengas tus propias preferencias a la hora de ahorrar dinero cuando viajas, pero por 15 euros más puedes elegir la primera clase donde tu asiento y el aire acondicionado están asegurados.
Nosotros elegimos la segunda clase por lo que cuando llegamos a Casablanca, nos fuimos a por una más que sana y refrescante cerveza. Sin discusión.
Allí descubrimos que hay bares que también sirven cerveza a marroquíes, aunque la cerveza local es «Casablanca» y cuesta 5 euros el botellín, por lo que no creo que esté al alcance de mucha gente local aunque no sean musulmanes. Después de la cerveza decidimos comer algo rápido y poner rumbo a la mezquita de Hassan II.
En Marruecos, puedes encontrar vendedores ambulantes con zumos naturales de naranja, caña de azúcar o verduras. Aunque el azucar suele ser de caña, sin endulzarlos siguen estando riquísimos, por lo que es una opción más que sana para una merienda o matar el hambre.

La mezquita de Hassan II es un edificio espectacular finalizado en 1993. Lo puedes encontrar caminando por la costa mientras aprecias el mar Mediterraneo y la gente en la playa. No pudimos visitar la Mezquita por dentro por lo que nos sentamos en el patio exterior a disfrutar de la imponente vista.
Cabe destacar que la plaza estaba llena de gente, niños jugando y gente hablando sin litronas, tabaco ni móvil, creo que en Europa estamos llegando a un punto de no saber relacionarnos sin tener nada en la mano. Aunque bueno, también hay que tener en cuenta de que viven dentro de una dictadura y de todos es sabido lo estricto de su religión, por lo que esa costumbre es impuesta, por mucha envidia que nos dé.

Bien entrada la tarde paseamos por la ciudad colonial para llegar al hotel, parándonos en una tetería donde pudimos probar por primera vez el famoso Té con menta y caña de azucar marroquí.
Como dato en los bares solo suele haber un servicio para hombres pero si eres turista en la inmensa mayoría te dejarán utilizarlo siendo mujer, sobre todo en Marruecos donde la gente es más abierta de mente que en otros países árabes.

Para cenar, hicimos lo que cualquier turista no debe hacer nunca, comer en un restaurante de comida de su país. Pero a diferencia de otros lugares, Casa José Port no ofrecía precios muy inflados y la comida estaba más que rica. Hicimos otra cena sana con «Brochetta de pescado», «revuelto de Mar y Tierra» y «Langostinos». En este caso, no fue ningún error.

Tercer día. Rabat.
Rabat es la capita de Marruecos. Su blanca y caótica Medina junto sus barrios en la costa, que parecen pueblecitos, conviven con modernidad y edificios gubernamentales.
Allí nosotros retornamos a la comida marroquí. Por fin probamos Tagine,
el famoso guiso Marroquí cocinado lentamente en el cuenco de cerámica que lleva dicho nombre, en este caso con ternera y verduras. Elegimos un restaurante en primera línea de playa cerca de Fort Rottembourg.
Para la cena, decidimos probar el tradicional  Cous-cous cocinado en
Tagine también, en Café La Comédie, restaurante con terraza al lado de la Medina. Sobra explicación para este archifamoso plato.
Bailadores de Break Dance en la calle, miles de comerciantes ambulantes, un moderno y eficiente tranvía que recorre la ciudad… Rabat se está modernizando sin perder su esencia, como todo Marruecos en general.
El cuarto día nos tocaba volver a Marrakech, por lo que aprovechando de que nos levantamos tarde en el Riad, hicimos cargo del abundante desayuno para convertirlo en un almuerzo.
Riad son casas tradicionales marroquíes, normalmente con dos o más habitaciones de estilo Andalusí, que suelen tener un patio interior y una fuente.
Por la noche, ya en Marrakech, disfrutamos de una Shlada Dial Afawkadu, una ensalada con tomate, aguacate y zumo de limón.

Quinto y sexto día. El desierto.

Por la mañana temprano partimos para el desierto. Es una largo viaje que dura todo el día donde subes y bajas el Atlas, la cordillera más alta de Marruecos y donde pasas por pueblos y aldeas, pudiendo ver la vida real de la gente más humilde del país y la diferencia entre los poblados Bereberes y los Árabes.
Recuerdo a un ex-compañero de piso Libio que me echó una bronca porque no supe diferenciar entre árabe y bereber, poniendo de manifiesto la gran incultura que tenemos los jóvenes europeos sobre nuestros vecinos del sur. Así que recordar cuando hableis con un magrebí que quizás no sea árabe como tu te crees y tenga una cultura e idiomas totalmente diferente. Y añado un dato sin querer meterme mucho en el tema, el pueblo bereber junto al Kurdo son los pueblos que más han sufrido la guerra contra el Yihadismo y el Estado Islámico. No voy a entrar más pero ahí lo dejo.

Volviendo al viaje, por el camino pudimos visitar una joya Patrimonio de la Humanidad  Ksar de Ait Ben Hadu, cuyas casas están hechas de adobe.

Finalmente, ya por la tarde-noche llegamos al campamento Bereber antes de un corto viaje en camello. En la cena, compartimos mesa con dos chicas de Burgos a la que el día anterior convencimos para que se vinieran con nosotros en el Hostel, un chico inglés que viajaba solo y una pareja de franceses que nos enamoró a todos, por la simpatía de el y la fuerza que transmitía ella, sin brazo por culpa de un accidente. Esto es lo más bonito de los viajes, la gente que te encuentras por el camino.

La cena consistió en un Tagine Bereber, como no podía ser de otra manera. Un guiso con ternera, cebolla, aceitunas, patatas, zanahoria, calabacín, pimienta, perejil y olivas, todo ello cocinado en un gran Tagine de cerámica. El postre fue un delicioso mix de frutas y dátiles con salsa dulce.

Una cena que dio paso a un concierto de tambores en mitad del desierto con el que nos deleitaron los regentes del campamento y que duró hasta cuando el personal se fue cansando.
Por la mañana volvimos a Marrakech por Uarzazate, un pueblo turístico donde pudimos probar Kefta Meatball Tagine, un plato típico de albóndigas con ternera o cordero, pimiento, Ras al Hanout y comino, servido con huevos pochados y salsa de tomate.

Sexto día. Marrakech cinco estrellas.
Ahorrar dinero tiene beneficios y nosotros ahorramos mucho para este viaje, lo que nos permitió reservar un Hotel de cinco estrellas a las afueras de Marrakech. Ese último día disfrutamos de piscina, bebidas, Sishas y como no, buena comida.

Para comer, quise probar Moroccan Paprika Fish. Este plato es bastante sano y no es dificil de hacer, yo lo probé con Lubina pero también se puede hacer con Rodaballo o Pargo. El pescado se cocina con Chili, pimiento y pimentón rojos. Otros ingredientes son cilantro, ajo, cúrcuma, zanahoría y garbanzos a tu elección y se acompaña con limón y olivas verdes.
Por la tarde nos perdimos por los mercados de Jaama al-fna, donde puedes encontrar prácticamente de todo y donde también, por una foto con una serpiente te pueden pedir 20 dinares, así que cuidado. Por ser la última noche para cenar probé la Pastela con pollo y almendras.

Con esa cena nuestra aventura finalizó. Un último consejo, si vas a abandonar el país vía aeropuerto, no dudes en ir 3 o incluso 4 horas antes. Tienes que pasar casi 4 controles y tu boarding-pass no puede ser en papel o por móvil. Nosotros llegamos dos horas y media antes y casi perdemos el avión.
Espero que te haya gustado el post y si no has probado la cocina marroquí, no sabes lo que te estás perdiendo. Inclúyela en tu dieta porque es muy sana, fácil de hacer, con ingredientes mediterráneos y te traerá muchos beneficios.

Gracias por leerme.

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